Si nuestra Administra Artium Provinciae Hispaniae, la Praestantissima Domina Angelorum no tuviera tanto amor por las multinacionales norteamericanas productoras de cine y televisión, pidiéndoles ayuda, y por la avaricia de su SG-LOBBY, y se preocupara un menos por militarizar las webs y un más por facilitar el acceso de los jóvenes y parados a la cultura de la que es responsable en este país, no harían falta leyes como la que pretende meternos sin vaselina.
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La cultura no sólo consiste en fomentar la enseñanza pública en las escuelas y los institutos. La cultura hoy se mama también fuera de los centros escolares. Y ella como experta en medios audiovisuales - creo- habrá oido hablar de la cultura mosaico.
En mi opinión, existen otros modos más democráticos para evitar en lo posible las descargas con tanta gana de archivos de la red para uso personal, que no lucrativo, y que pululen cada vez más los manteros vendiendo las películas en las propias narices de los cines donde se estrenan, como ocurre aquí en Valencia
Que dé ejemplo el propio gobierno, no sea tan corsario. Empiece, por ejemplo, por eliminar el iva de los libros e-book y de los libros en papel, de todo tipo de música y de cine, y permita que los jóvenes, que en este país es sinónimo de 99,9999 % de parado, y los propios parados puedan acceder al cine norteamericano por el módico precio de un euro y, si es cine español, que por eso lo somos, se haga por 0,5o céntimos. Dedique, además, sus esfuerzos a suprimir el famoso canon por copia privada, declarado ilegal por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, y no esté ya rumiando tasas para las bibliotecas públicas.
Y, por ejemplo, al modo de la Biblioteca Nacional fomente también una página de acceso al cine español archivado en las Filmotecas de forma gratuita.
Se ha quedado Vd. triste y sola, e incluso algunos dicen que amargada. No la compadezco, así es como siento yo por robarme Vd., los avariciosos de su SG- lobby y su jodido canon parte de los recuerdos mi infancia, cuando me someten al más riguroso silencio durante el corte de pelo por las delicadas manos de mi guapísima peluquera.
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